¿Por qué el lenguaje de las flores?... El lenguaje de las flores, fué un medio de comunicación en la época victoriana, en donde las flores y los arreglos florales se usaban para enviar mensajes codificados, sirviendo a sujetos para expresar sentimientos que de otro modo nunca se podrían hablar. Es algo que "Federico García Lorca" nos enseña en su obra :Doña Rosita la soltera o El lenguaje de las flores. En una época dónde la mujer unica y exclusivamente se preparaba para el matrimonio(labores del hogar, aguja, bordado, alguna clase de música, quizás algún idioma_preferentemente francés).El esparcimiento estaba regido por la discrección, nada de libertad de sentimientos,las madres acompañaban a sus hijas a los parques, para vigilar su moral y coartar su libertad. Flores, abanicos, colores, pañuelos, sombrillas, tarjetas de visita eran elementos utilizados para enviar "mensajes cifrados": aceptar un amor, comprometer una cita a una hora determinada (sin que los demás lo advirtieran). En nuestros tiempos aquello nos parecerá una "cursilería, yo prefiero quedarme con la sensibilidad sentimental y tratar de elaborar "un blog" que no utilizará flores sino palabras y que espero llegue a todos los que se "acerquen" a ÉL. Tesy

jueves, 2 de junio de 2011

CAMARERA DE HOTEL DE LUJO ¿OFICIO DE RIESGO?

No me malinterpreten. No pretendo desmerecer a aquellos que ponen su vida o su integridad física realmente en riesgo durante su actividad profesional con este titular. Aunque tampoco es cuestión de infravalorar el trabajo que las camareras de los hoteles de lujo (¡benditas y pacientes ellas!) desempeñan. Pero en las últimas semanas se han dado dos casos que por su repercusión mediática son dignos de mención en este blog, con una visión menos jocosa que la que podría desprenderse de este arranque.
El financiero egipcio Mahmoud Abdel Salam Omar (en el centro de la imagen) al ser detenido. (AP Photo/WABC-TV7 via APTN) Si Dominique Strauss-Kahn, ahora exdirector del Fondo Monetario Internacional, era acusado hace dos semanas de agredir sexualmente e intentar violar a una camarera, este martes los egipcios desayunaron el martes con una réplica del ahora archifamoso caso DSK. Mahmoud Abdel Salam Omar, un prominente hombre de negocios de 74 años de edad, era detenido en el Hotel Pierre de Nueva York. ¿Motivo?  El presunto asalto sexual de una camarera, en este caso de 44 años, el domingo pasado.
El supuesto ataque se produjo cuando la empleada del hotel acudió a llevar unos pañuelos de papel a la habitación 1027, en la que se encontraba el ex presidente del Banco de Alejandría.  Entonces él se abalanzó sobre la mujer, la besó, le tocó los pechos y se frotó contra ella mientras la retenía, según la denuncia. La policía ha confirmado que fue arrestado y acusado de abuso sexual, privación ilegítima de libertad, tocar por la fuerza y ​​hostigamiento.

Tras estos dos casos, Joseph E. Spinnato, presidente y director ejecutivo de la Asociación de Hoteles de Nueva York, el sindicato que representa a los trabajadores del sector, ha anunciado que está estudiando la propuesta de un legislador para que el personal de limpieza de habitaciones de los hoteles lleve pequeñas alarmas electrónicas con botones que pueden ser presionadas para alertar en caso de emergencia.  ¿Significa esto que se trata realmente de una profesión de riesgo? En el artículo que escribía el martes Sandro Pozzi desde la ciudad de los rascacielos, mencionaba un reportaje del New York Times en el que se afirmaba que los asaltos sexuales “son un riesgo” conocido al que se enfrentan las empleadas de hotel. Desde comentarios de tipo sexual hasta intentos de violación. Pero los expertos en seguridad también señalan que igual que no son casos raros, tampoco se puede decir que sean comunes.
En Egipto, por el momento el caso de Mahmoud Abdel Salam sólo se ha llevado una nota en las páginas webs de los principales diarios, no así en medios internacionales como The Guardian, ABC o Huffington Post. Al mismo tiempo que se detenía al banquero la noticia de que se habían hecho pruebas de virginidad a las manifestantes detenidas en Tahrir saltaba a la red. En twitter este asunto resultó de mayor interés y más profundo debate que el primero.
No es que a los egipcios no les importen los casos de acoso. De hecho ya se escribió en este periódico sobre las escandalosas cifras de acoso sexual a las mujeres (83% de las egipcias y 98% de las extranjeras son agredidas verbal o físicamente), en el país del Nilo. Pero Nueva York, el caso DSK y sus hoteles quedan muy lejos de la lucha que estos días siguen librando los egipcios contra un ejército que sigue negándoles derechos y libertades. Y en esto, como casi siempre las más damnificadas son las mujeres.
En cuanto a las camareras de hoteles de lujo que hay por todo Egipto gracias al turismo o a los negocios, me constan las sonrisas, comentarios e invitaciones deshonestas que más de un huésped y más de un compañero ha brindado a sus pares femeninas. Marina, una egipcia hermosa e inteligente que aspira a huir lo más lejos posible de su jaula de apariencias y convenciones socioculturales, harta de proposiciones, me contaba hace meses que, mientras llega su salto al extranjero, considera la posibilidad de buscar un trabajo peor remunerado antes que seguir aguantando. A eso nos reduce la vulnerabilidad. No hay a quién reclamar. El cliente (casi) siempre tiene razón.
DSK, como es conocido en Francia el político socialista, está acusado formalmente de agresión sexual e intento de violación de una empleada de la limpieza de 32 años. Si es declarado culpable, tendrá que enfrentarse a penas de entre 3 a 25 años por cada uno de esos delitos, según su gravedad. La próxima vista judicial será el 6 de junio. Similar camino de espinas deberá seguir el empresario egipcio Mahmoud Abdel Salam Omar.
Presunción de inocencia aparte, los casos DSK y Omar, ponen de relieve una vez más la vileza del ataque sexual y la facilidad con que se ejerce, sea en hoteles de lujo de Nueva York contra unas camareras que traen pañuelos de papel o en los pasillos de un centro de detención en El Cairo, contra manifestantes que piden pan y democracia.
Por Nuria Tesón .Blog de mujeres   EL PAÍS.COM
Leer esto y "quedarme atónita" es todo uno, no quiero echar leña al fuego, no sería muy imparcial  por que soy CAMARERA DE PISOS   y en  UN HOTEL DE LUJO, me reincorporo el  miércoles después de  una "parada" para recuperarme  de  una dolencia _por que sí es un trabajo  de riesgo_ y  lo cierto es  que  por lo que leo  ya no sabe uno si tener más miedo al trabajo físico en sí  o  a lo que  te pueda deparar  "algún cliente inspirado", que como bien dice el artículo no es lo común pero  siempre hay  alguien que quiere dar la"nota" y no, discrepo con la autora  en lo de que  el cliente  (casi) siempre tiene razón, eso es lo que  nosotras pensamos cuándo estamos seguras de  que  por ejemplo  no se ha olvidado lo que reclama  y que pocas veces llama después para decir que lo encontró, que lo había dejado en su casa.Por desgracia   para nosotras  hay  hoteles  donde   EL CLIENTE SIEMPRE TIENE LA RAZÓN    y de eso se aprovechan   los que son un tanto caraduras, que haberlos haylos .

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